domingo, junio 17, 2007

Sobre el amor y el amor propio



Rescato un artículo de opinión de Carmen Posadas, que se me antoja revelador para entender el porqué de nuestros sentimientos contradictorios y, a menudo irracionales ante la ruptura en nuestras relaciones, o, mucho peor, ante la ausencia de personas que no habíamos considerado en nuestra vida. Una mezcla de pérdida y fracaso, sin saber que es nuestro propio ego el que se encuentra dolido.


“En algunas ocasiones he escrito que es mucha la gente que confunde el amor con el amor propio y que, ante el abandono del ser amado, se desespera, no tanto por haber perdido a esa persona sino por haber fracasado. Sobre este punto, déjenme que les cuente lo que me ocurrió el pasado verano y que me ha ayudado mucho a discernir entre estos amores que tanto se parecen y que en realidad son casi contradictorios.


Durante unos días que pasé en Grecia, era sistemáticamente perseguida por un individuo de nombre Panayotis, pequeño de estatura, recio y gañán de aspecto, que, según él, había sido fulminado por un rayo de amor irresistible desde el momento en que me vio. O me había marchado a esa isla sola precisamente para no ver a nadie y así se lo dije a Panayotis. Pero él insistía, me traía flores, venía a buscarme toda las mañanas como si nada. No era pesado, de modo que charlábamos un rato.


Pero ocurrió que un día recibí de Madrid una llamada telefónica con una magnifica noticia profesional. Recuerden que estaba sola en la isla,. Recuerden que a uno cuando le pasa algo realmente bueno necesita compartirlo. Pues bien: en mi entusiasmo, y ante la sorpresa de Panayotis, al que no le expliqué la razón de tanta alegría, le planté un beso en la mejilla y le dije: “Esta noche te invito a cenar”. Aquí viene lo insólito de la situación. Este personaje un tanto rústico, al que yo nunca había dado ni bola, se me quedo mirando, sonríe en forma de disculpa ante mi estupor dice: “Bueno, ...no sé, tengo mucho trabajo, te llamaré luego y te lo confirmo”, y como para suavizar la cosa añade: “Te prometo que haré lo posible”.


La historia acaba así: Ahí me tienen, vestida de punta en blanco y esperando a un Panayotis que llamó cinco minutos antes de la cita para plantarme como una lechuga, eso sí con muchas palabras bonitas. Desde ese momento me encontré pensando a todas horas en aquel tipo. Soñaba con Panayotis. Cada moto que pasaba, cada llamada de teléfono creía que era él. Cuando me lo encontraba me temblaba un poco la voz...en suma, un absurdo de tal calibre que tuve que tomarme un gintonic para digerirlo.


Fueron muchas las cosas que aprendí en Grecia, pero la más importante es que el amor propio magullado se parece tanto al amor que a veces es imposible diferenciarlos. Sirva mi tonto “fracaso “ veraniego como grotesco ejemplo. Píenselo, quizá se lleve un agradable sorpresa: Él/ella no merecía la pena y el que llora no es usted sino su ego herido.”


Para aquellos que continúan persiguiendo "viejos amores" que nunca consideraron hasta que se vieron abandonados.

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