lunes, febrero 12, 2007

Mis amigos ´´especiales´´

Hace algunos años tuve la oportunidad de participar en un programa de ayuda en un Centro Psiquiátrico donde solían juntar a personas de cualquier condición social, procedencia y distintas patologías.

Nunca olvidaré la primera vez que recorrí aquel pasillo eterno, mientras los pacientes sólo lo recorrían por los laterales, ladeando la cabeza y balbuceando palabras irreconocibles, mientras arrastraban sus batas por el suelo. El ambiente era muy cargado, sólo he tenido esa sensación de "ambiente cargado" en aquel lugar. Era como si las ventanas permanecieran cerradas por meses, como en un encierro voluntario.

Nos llevaron a hacer prácticas al Pabellón Mixto. Más adelante descubrí que lo de "mixto", hacía referencia precisamente a que podían juntar "churras con merinas", sin ninguna contemplación, debido a la imposibilidad de crear nuevas zonas: Dementes seniles, esquizofrénicos, Alzheimers, Neuróticos, todos tenían cabida en aquel centro que al principio me pareció infernal, irreal.
Los enfermos se comunicaban entre ellos con un código dificilmente descriptible. Cada uno aportaba algo de su patología al otro, pero a la vez, se creaba un estado de increíble homeostasis, de equilibrio sobre la cuerda floja.

Nadie nos explicaba qué tenía cada paciente, así que sólo con la palabra, la comprensión y la eliminación de prejuicios, pudimos acercarnos poco a poco a aquellas personas.
No olvidaré a Ángel. Un hombre que rondaba los 70 años, con los dedos y dientes amarillentos del tabaco, arrugas que describían una vida de sufrimiento y unos ojos que cambiaban de expresión casi al mismo ritmo que sus latidos. Nos hicimos buenos amigos. El me llamaba señorito porque decía "que era más alto que él", y yo simplemente Ángel. Me contaba cómo veía a la Virgen, o algún antepasado suyo, y la última paliza que tuvo que dar a su mujer hace años en una de sus visitas, porque sabía que "se la estaba pegando con alguien". Nunca más volvió a verle.

Cada vez que salíamos de aquel centro, todo el oxígeno que queríamos recuperar en nuestros pulmones se unía con la extraña sensación de abandono hacia nuestros amigos "especiales".
Fueron días duros, pero muy enriquecedores. Allí aprendimos que no siempre la locura está dentro, y que en más de un razonamiento tuve que cerrar mi engreída boca de estudiante universitario ante visiones de la vida mucho más profundas, con sus magulladuras y la eterna mirada de aquellos niños grandes cuya enfermedad sólo había degenerado sus cerebros, pero no sus almas.



Dedicado a todos los voluntarios que regalan parte de su tiempo libre a ayudar al que lo necesita, sea quien sea y esté donde esté, y a mis amigos "especiales" y todo lo que me enseñaron.

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