Hace unos meses me tomaba unas cervezas con ellos. Nos reíamos de la cruel experiencia de las relaciones truncadas. Que lo habían dado todo, que se habían entregado pero que, por unas razones u otras, sus historias de amor no habían terminado con el final hollywodiense que todos esperamos.
Hoy me encuentro con ellos, tan felices. Radiantes. Uno porque vuelve a estar enamorado, pero un amor más aposentado, más sereno, más cómplice, más cercano. Cuando piensas en alguien como mi amigo le deseas algo así, que encuentre alguien que le haga sentirse pleno y pueda hacerse sentir plenitud a los demás, como siempre hace.
Ella, con sus contradicciones, con sus negaciones, se enfrentaba a una nueva etapa después de años de matrimonio que habían terminado. Estaba cansada, muy cansada de un periodo largo, y del que nadie te dice cuándo llegará el final. Hoy comienza a aceptar que también puede y debe ser feliz, que no importa el cuándo, ni el cómo pero sí el qué.
Los dos me habéis hecho ver lo sagrado que es el respeto por uno mismo. Un álbum de fotos jalonará mis recuerdos. En la foto de hoy pondré la de dos amigos que se miran al espejo y se sienten orgullosos, que disfrutan de sí y de los demás y de una etapa dura ya superada. Vendrán otras, pero allí estaremos para hacerles frente, con llantos, risas o bromas.
domingo, enero 28, 2007
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario