viernes, enero 19, 2007

Amicitia magna est


¿Habéis hecho alguna vez el ejercicio de pensar en los amigos que tenéis? No en los conocidos, ni en los colegas, sino en los amigos.

Posiblemente lo hayáis realizado en periodos duros o felices de vuestra vida, cuando el hecho de compartir esos momentos se hace más necesario. Son en esos instantes cuando uno necesita a los amigos. Y hay muchas formas de comunicarse con ellos. Unos, utilizan las formas pasivas, aquellas de no dar señales de vida, esperando que la persona, ajena a su ajetreo diario pueda darse cuenta de la llamada de socorro que, como un subterfugio, envía su amigo. No es muy recomendable, porque culpar a un amigo de que no estuvo a tu lado cuando tú no te comunicaste con él, no es justo. Todos tenemos derecho a hacer frente a nuestros problemas, pero si queremos ayuda, hay que pedirla.

Existe otra forma de pedir ayuda. La mezcla de orgullo, de sensibilidad, y de dificultad para reconocer las cosas nos puede llevar a veces a hablar con los amigos esperando que ellos obtengan de nuestras frases la información necesaria para saber que necesitamos ayuda, sin que nosotros seamos lo suficientemente diáfanos en nuestros planteamientos. Si un amigo es realmente un amigo, nos va a querer tanto o más si mostramos cómo somos y cómo nos sentimos. Porque la vulnerabilidad no es sinónimo de debilidad, sino de honestidad. Si somos honestos con nosotros mismos, acabaremos siendo honestos con nuestros amigos y tener personas que nos quieren es un activo que acaba siendo el más importante.

Esto no pretende ser un ensayo sobre qué es la amistad, sino un ejercicio de sinceridad: He aprendido a hablar en mis malos momentos. He aprendido a reconocer cuando sufro, pero como un ejercicio de honestidad personal, como un elemento que me ayuda a crecer y me aleja del lastre del orgullo y las máscaras. Churchill dijo una vez que si quieres que alguien sea tu amigo para siempre, déjale que te haga un favor. El expresar cómo te sientes es a veces un favor hacia el otro, en muchas ocasiones ayudan a nuestros amigos a sentirse más cerca, a poder ser, realmente nuestros amigos y al final nos acaban ayudando. Hay que dejarles, porque a mí también me gusta poder ejercer de amigo cuando me necesitan.

Hay días que no me apetece hablar con nadie, pero aprender a leer estas señales, aprender a confiar en tus amigos, aprender a tenerlos como fuente de inspiración, te hace más fuerte y te llena de esperanza al pensar que nuestra existencia deja huella en los demás.

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